
La granadilla ocupa un lugar distinto al de sus parientes del maracuyá: sigue siendo un producto de nicho y exclusivo en mercados como Europa. Su cáscara lisa, dura y moteada de naranja se abre para revelar un racimo de arilos translúcidos y gelatinosos, de dulzura floral, sin la acidez típica de la familia del maracuyá. La cultivamos en las tierras altas del Ecuador.
Valle de Intag, Imbabura